El Señor suscita profetas donde y cuando quiere, se fija en quien quiere y le da una vocación especial: ahí está el humilde campesino convertido en profeta por pura elección de Dios (Amós 7,12-15). La carta a los Efesios, que comenzamos hoy, se prolongará durante seis domingos seguidos. Hoy leemos en ella un himno de acción de gracias al Señor por su plan salvífico. La Humanidad está destinada desde la eternidad en convertirse en los hijos e hijas de Dios por Jesucristo (Efesios 1,3-14).
San Pedro y sus compañeros, humildes pescadores, también fueron elegidos y convertidos en apóstoles por elección gratuita de Jesucristo. Nadie puede arrogarse el título de apóstol si Dios no lo ha elegido. El Señor envío a los suyos a pie, sin víveres ni recursos para que mejor se mostrara la fuerza de la acción divina (Marcos 6,7-13). La Iglesia de todos los tiempos debe examinar si pone su seguridad y eficacia apostólica en los medios materiales o en la acción divina del Espíritu Santo.







